Las calles del barrio Lleras de Buenaventura permanecen en silencio desde la madrugada; los juegos en los parques son cosa del pasado y el comercio pasa inadvertido. En el informe “Niños, niñas y adolecentes en busca de la Buena Ventura”, publicado por la fundación holandesa War Child -en asocio con la Fundación de Espacios de Convivencia y Desarrollo Social (Fundescodes); el Servicio Jesuita a Refugiados y COALICO (Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia)- aparece el siguiente testimonio de una líder comunitaria: “En el Lleras los niños son altamente agresivos con los demás. Allí se paga por el que mate un gato o un perro, lo apedrean, lo rocían con gasolina y lo prenden, a garrotazo o lo descuartizan en forma de competencia. Los gatos, cuando los descuartizan, los mismos niños los entierran”.

Las organizaciones investigaron el conflicto armado en la ciudad portuaria más importante del país durante 2013. Encontraron que el descuartizamiento de animales es una práctica que tiene origen en el asesinato y desmembramiento de personas por parte de las bandas criminales los Urabeños y la Empresa.

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